¿Puede un tatuaje arruinarte una oportunidad de trabajo? Artículo periódico La Vanguardia

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(El artículo y la imagen recogido a continuación, corresponde a la edición digital del periódico La Vanguardia, el artículo original os lo dejamos a continuación pinchando aquí ).

¿Puede un tatuaje arruinarte una oportunidad de trabajo?

Los dibujos en la piel ganan en popularidad pero todavía hay sectores laborales que piden ocultarlos o, directamente, los prohíben.

 

 

 

 

 

 

 

En España, entre el 20% y el 30% de personas tienen impresossímbolos, dibujos, letras o cualquier otra cosa imaginable en su piel, porque los tatuajes han ganado mucha popularidad. Pero algunas de ellas pueden tener problemas para conseguir o mantener su puesto de trabajo si esos tatuajes son visibles, sobre todo en el rostro, el cuello o las manos.

¿Dónde no debería tatuarme?

“En Inglaterra es normal ver a un empleado de banco atendiendo con las manos tatuadas. En España sería imposible”, describe Laura Cubero, manager del estudio de tatuajes Two Anchors.

Tipos de tatuajes

De marginales a aceptados por (casi) todo el mundo

Los tatuajes han recorrido un largo camino hasta vivir una explosión que trasciende clases sociales y géneros. Sus orígenes son milenarios, nacidos como señas de identidad de culturas tan distantes como la polinésica o las andinas. En los siglos XVIII y XIX se identificaban con la vida marinera pero también con ambientes carcelarios y marginales, estigma que se mantuvo hasta el último tercio del siglo XX. Ahora no es raro ver personas tatuadas que superan los 50 años, ejecutivos que presumen de complejos dibujosen el antebrazo, y en ambientes como el del fútbol lo extraño es ver a algún jugador sin ningún tatuaje.

Hay sectores más abiertos a contratar a personas que exhiben estos dibujos en la piel, como algunos segmentos del ocio (bares y discotecas) o tiendas de ropa urbana o juvenil. Pero en otros hay fuertes resistencias. Cubero, una de las organizadoras del certamen Only Tattoo Barcelona, precisa que el sector sanitario pide expresamente que los empleados –sean enfermeros, médicos e incluso personal de mantenimiento- tenga ocultos sus tatuajes.

Otros segmentos reticentes son los que exigen a sus empleados ciertas condiciones de vestimenta y de presencia, ya sea para atender al público o por los códigos internos que aplica cada empresa. Entre estos se encuentran el sector bancario, los restaurantes de una mayor categoría, el ámbito educativo (sobre todo si es de educación infantil, primaria o de bachillerato) y el aeronáutico.

En muchas aerolíneas precisan, entre los requisitos para sus aspirantes, tener “buena presencia, sin piercings ni tatuajes visibles”. Este mismo punto es remarcado por las Fuerzas Armadas. En las convocatoria que hizo el Ministerio de Defensa se puntualiza que “no están permitidos los tatuajes que pudieran ser visibles” al vestir los diferentes tipos de uniforme que tienen los cuerpos.

¿Qué dice la Constitución?

El artículo 14 de la Constitución establece que los españoles “son iguales ante la ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión o cualquier otra condición o circunstancia personal”. Otro artículo, el 18, precisa que esta carta magna garantiza “el derecho al honor, a la intimidad personal y a la propia imagen”.

Pero hay una gran zona gris. “El derecho a la imagen física choca con el derecho de la libertad de empresa” para contratar a quien considere, o a establecer criterios de imagen para su personal, indica la abogada Eva Gómez, experta en temas laborales del despacho Sanahuja Miranda.

En caso de que una persona sea contratada y al poco tiempo se haga un tatuaje, existe la posibilidad de que entre en conflicto con la imagen corporativa de la empresa. Y si por esta razón se produce un despido, es difícil determinar si este es improcedente, y “hay que estudiar caso por caso”, indica Gómez.

“Lo que no se puede hacer es obligar a la persona a borrar los tatuajes. Sería inviable porque estaríamos hablando de un choque con la integridad física”, puntualiza la especialista en temas laborales. Cabe recordar que el borrado es un proceso tanto o más largo que la realización de un dibujo y más costoso.

Tatuarse con conciencia

“El estudio de tatuaje tiene el deber de sensibilizar y hacer cambiar de idea a aquellos jóvenes que por ejemplo reclaman tatuarse la cara o las manos, sin pensar en el futuro”, comenta Mik Garreta, organizador del Only Tattoo Barcelona. Precisamente, este evento lleva como lema ‘Tatúate con cabeza’.

El código de conducta, que alcanza a la vestimenta, está más extendido o al menos es más preciso en las grandes empresas, precisa la doctora en psicología y especialista en recursos humanos Miriam Díez. “Los tatuajes son símbolos que se han extendido y democratizado”, indica, y este proceso tiene que ver con que “las esferas de lo público y lo privado se han diluido”, y ahora el filtro de las empresas también pasa por un análisis de las redes sociales. Porque tanto llevar un dibujo en el cuerpo como los registros que hacemos en Facebook o Instagram “siempre generan un impactoen los demás”, indica Díez, coordinadora en Escodi (Escola Universitaria de Comerç).

En la compañía de empleo temporal Adecco “nos encontramos con empresas que explícitamente nos solicitan que los candidatos no tengan tatuajes”, precisa Isabel Barceló, directora de servicio de esta firma para Cataluña.

En estos casos, indica, detallan a la compañía interesada la iniciativa Talento sin etiquetas. “Nuestro trabajo implica seleccionar al candidato que mejor encaje en el puesto de trabajo que nos solicitan, y eso lo determinan las competencias laborales y no la apariencia de la persona evaluada”, agrega Barceló.

Entre la imagen de empresa y la pérdida de talento

Díez recuerda que los procesos de selección son diferente en cada país: en el mundo anglosajón los currículum vitae no llevan fotos “ni datos de raza o sociales que puedan influir en la empresa”.

En este sentido, no contratar a una persona con tatuajes no siempre redunda en un beneficio para la compañía. “Hay algunas empresas que pierden talento por discriminar a los candidatos por su imagen”, puntualiza la ejecutiva de Adecco.

Por ello Díez lo ve como un camino de ida y vuelta: no se trata solamente de que la empresa elija a un empleado, sino que el aspirante también tiene que tener claro cuáles son las reglas del juego de la empresa, y si las acepta. Una compañía es libre de buscar un candidato y prevalecer su política de imagen, “pero los trabajadores somos libres de decir, en caso de que no acepten a alguien con tatuajes, ‘en este tipo de empresa no quiero trabajar’”.

Artículo realizado por Juan Pedro Chuet- Missé